Bombones de chocolate




No me gusta el amigo invisible. Si me toca alguien que ya es amigo, no hace falta participar en este tipo de juego para hacerle un pequeño obsequio. Pero si la suerte ha querido que tenga un detalle con alguien con quien no tengo mucho trato, se me presenta un gran dilema. ¿Qué le gusta?

Busco, pregunto, cavilo, vuelvo a buscar ... Y casi siempre acabo pagando más del límite establecido, para asegurarme que no acabará en el rincón de los trastos. ¿Y tantos miramientos a cambio de qué?

Alguien tenía un libro viejo e inútil, que ocupaba un espacio en la estantería de su casa, y no sabía cómo deshacerse de él. Yo fui su salvación. Pero no me considero una heroína, ya que no salvé el libro de la hoguera, sino de la basura.

No quiero ser vuestro amigo invisible. Quiero que todos sepáis que soy yo, Margarida de Elmondelacuina, quien os hace este pequeño obsequio. Pensado, elaborado y dedicado con todo mi afecto.





¿A quién no le gusta el chocolate?  Pues estos bombones son una auténtica delicia. Presentados en la mesa para ir picando, como decoración de un pastel, o puestos en una bolsita para regalar a los amigos, os aseguro que desaparecen enseguida.

Sólo necesitamos chocolate y unos moldes. Si no tenéis, podéis utilizar los de hacer cubitos y ¡aún serán más divertidos!





Fundimos el chocolate al baño María, cuidando que la temperatura no sea superior a los 40-45˚. Lo agitamos con una espátula y lo vertemos en el molde. Acabamos decorando con un Lacasito, una almendra o unas avellanas tostadas. Ponemos el molde en la nevera durante 15 minutos y ya podemos desmoldar los bombones.

También los podemos hacer rellenos de naranja. Tomamos la naranja confitada y la cortamos bien pequeña. Llenamos una tercera parte del molde con chocolate, ponemos un poco de naranja y acabamos de llenar con más chocolate, procurando que los laterales queden cubiertos de chocolate. Así, nadie sabrá qué hay dentro hasta que no lo tenga en la boca.

Ingredientes:

Chocolate Nestlé Postres
Lacasitos
Almendras tostadas
Avellanas peladas
Naranja confitada





Y mientras vais comiendo estos bombones, podéis leer el libro de Lisa See El abanico de seda. Ediciones Salamandra, Barcelona, 2006. En él nos habla de la relación de dos mujeres que, gracias a un lenguaje secreto, son capaces de encontrar en la amistad el sentido de sus vidas.

Tarta de manzana





No le pasaba a menudo pero de vez en cuando se sentía desplazado y tenía la sensación que su mujer y su hija se habían conjurado en su contra. Era un hombre gris, y nada de extraordinario le había pasado en la vida. Nunca le había sonreído ni la suerte, ni un gran amor ni la fortuna.

En momentos como aquellos le daban ganas de huir porque pensaba que había fallado como marido y como padre. Estaba seguro que un día se iría de casa sin despedirse y que ya no volvería. ¡Quién sabe si le echarían de menos! Iría muy lejos, donde nadie pudiera conocerlo ni preguntarle por su familia.

Quizá era un cobarde, pero nunca se marchó. Cuando le rondaban aquellos momentos de tristeza, iba a una conocida pastelería de la ciudad. Allí se sentaba y tomaba tranquilamente un té y comía una ración de tarta de manzana, que le aportaba suficiente energía como para hacer renacer aquel cuerpo deprimido. Las palabras amables de la chica que lo atendía y las calorías de aquella golosina eran suficientes para hacerlo volver a casa seguro de sí mismo y sintiéndose amado por los suyos.





No hay que estar deprimido como el protagonista de esta historia para poder probar esta tarta. Yo misma me he servido una buena ración sólo por el placer de comer un buen postre. Y si vosotros queréis saber cómo se hace para poderla disfrutar cuando queráis, siguid mis indicaciones.

Ponemos todos los ingredientes juntos y los mezclamos, primero con una espátula y luego con la mano, hasta que se forme una bola. La tapamos con film y la ponemos en la nevera durante 1 hora. Pasado este tiempo sacamos aproximadamente 1/3 parte de la masa y la volvemos a la nevera. Las otras dos terceras partes las estiramos con el rodillo y forramos un molde de 28 cm. Lo ponemos en la nevera media hora.

Encendemos el horno a 200º. Cogemos la masa reservada en la nevera, la estiramos con un rodillo y vamos haciendo tiras de 3 cm de ancho. Las ponemos sobre un papel de horno, imitando un enrejado. Llenamos el molde que tenemos en la nevera con la compota, y ponemos encima el enrejado, apretando un poco las juntas. Pelamos una manzana, le quitamos el corazón y la cortamos en láminas finas. Formamos con ellas unas flores y las empolvoramos con un poco de azúcar.

La horneamos durante 25 minutos, procurando que no se quemen las flores. Sacamos la tarta y la dejamos enfriar completamente. Desleímos en el fuego la mermelada con el agua, y con un pincel pintamos toda la superficie de la tarta para que quede bien brillante. Acabamos poniendo media cereza en el centro de cada flor. A continuación la reservamos en la nevera hasta la hora de comer. Cuanto más fría esté, mejor será. No la desmoldamos hasta el momento de llevarla a la mesa.





Si queréis ver más claro el paso a paso, tenéis un slide en la versión en catalán.


Ingredientes:


Para la masa:
400 g harina
200 g azúcar glas

80 g almendra cruda molida
180 g mantequilla
2 huevos
1 piel rallada de limón
1 pizca de sal
1/2 cucharadita de canela molida

Para el relleno:
500 g compota de manzana

Para la decoración:
1 manzana
2 cucharadas de azúcar
1 cucharada mermelada de ciruela
2 cucharadas de agua
2 cerezas confitadas


Si todo el mundo se decidiera a comer una buena ración, quizás este otoño los centros de salud verían acortadas sus listas de pacientes. ¡Qué buena manera de curarse!



Galletas rellenas de mermelada





Parecía haber nacido sólo para trabajar, porque siempre iba ajetreada, sobre todo en verano, y es que desde muy pequeña ya había aprendido que si no trabajas cuando puedes, no comes cuando quieres. Y estaba tan acostumbrada a su destino, que no se imaginaba la vida de otra manera. Sin embargo, no podía dejar de sentir una cierta animadversión hacia todos aquellos que se pasaban el día holgazaneando, cuya única distracción era verla faenar arriba y abajo.

Su amiga ni trabajaba ni se preocupaba por nada. Era alegre y sabía disfrutar de la vida. Ya fuera por su simpatía o por su sonrisa franca, nadie era capaz de negarle nada. Siempre con la guitarra entre sus manos, sentada a la sombra y rodeada de seguidores, a todos cautivaba con su voz.

"Vamos, mujer, deja de trabajar, y ven conmigo, que nos iremos de fiesta y nos lo pasaremos de lo grande", le había dicho más de una vez, al verla tan atareada. "Ahora no puedo. Otro día, quizás".

Pero los días fueron pasando y llegó el invierno. Y su amiga, sin víveres, ni cobijo alguno donde guarecerse, no habría podido sobrevivir si ella, la trabajadora incansable, aquella a quien todo el mundo había recriminado no conocer los placeres de la buena vida, no la hubiera acogido en su casa y hubiera compartido con ella su despensa.



Y cuando su amiga, ya un poco recuperada, cogía la guitarra y empezaba a entonar una canción, entonces sí, entonces ella se añadía a la juerga, consciente de que, al llegar el buen tiempo, tendría que volver a trabajar duro. Pero los momentos de desenfreno, ya nadie se los podría quitar.



Yo, como la hormiguita, suelo preparar durante el verano las mermeladas que, con gran placer, me como en el desayuno el resto del año. Sin embargo, alguna vez preparo golosinas para que el resto de la familia, poco amante de estas conservas, disfrute de ellas tanto como yo.

Hoy os preparo unas galletas rellenas de mermelada de ciruela, hecha con ciruelas de la variedad Santa Rosa que he cosechado de mi jardín.

Para hacer la mermelada, lavamos las ciruelas y las pelamos. A continuación las ponemos, enteras y con el hueso, en una olla a fuego suave con una ramita de canela. No añadimos nada de líquido porque enseguida soltarán mucha agua, que se irá evaporando a medida que se vayan cociendo. Justo cuando se hayan evaporado casi 3 / 4 partes del agua y las ciruelas estén cocidas y los huesos floten, apartamos la olla del fuego. Retiramos los huesos y pesamos la fruta. Si vemos que en la base de la olla hay pulpa de ciruela pegada, cambiamos de olla, en caso contrario podemos seguir con la misma.

Vertemos el azúcar (con la mitad del peso de la fruta ya basta, pero si se desea muy dulce se puede añadir más), y subimos el fuego. Ahora sólo hará falta que vigilemos que no se nos queme. Para ello tendremos que remover constantemente con una cuchara de madera hasta que la mermelada esté lista, entre 10 y 15 minutos, vigilando con las salpicaduras, que son bastante traidoras. Si vemos que hay un poco de espuma, la sacamos.

Mientras se hace la mermelada, calentamos los botes de cristal, ya sea en el lavavajillas, ya en una olla con agua caliente. Una vez hecha la mermelada, la vertemos dentro de los botes, los tapamos y los dejamos enfriar boca abajo para que hagan el vacío. Este procedimiento permite mantener la mermelada en buenas condiciones durante bastante tiempo, conservada en lugar fresco y oscuro.





Una vez hecha la mermelada, haremos las galletas. Mezclamos la harina con la levadura y la tamizamos. Cortamos la mantequilla en trozos pequeños y, con las manos, los vamos mezclando con la harina, haciendo migajas. Añadimos el azúcar y el huevo batido y lo vamos trabajando hasta obtener una bola. La guardamos 15 minutos en la nevera para que no esté tan blanda.

Encendemos el horno a 170º. Ponemos papel de horno sobre una bandeja. Estiramos la pasta con el rodillo hasta tener un grosor de 3 mm, y vamos cortando círculos con un molde de galletas. Con otro más pequeño, hacemos un agujero en el centro de la mitad del círculos hechos. Ponemos todos los círculos en la bandeja y los horneamos durante 15 minutos o hasta que hayan cogido un poco de color dorado.

Una vez cocidos, dejamos enfriar los círculos en una rejilla. Después, ponemos una cucharada de mermelada en el centro de los círculos redondos, y encima de los que tienen el agujero esparcimos azúcar glas con un colador. Ponemos éstos encima de los que tienen mermelada, presionamos un poco y ya tenemos las galletas hechas, a punto para ser devoradas.




Ingredientes:

Para hacer la mermelada:
Ciruelas
Azúcar (la mitad del peso de las ciruelas, una vez cocidas)
1 ramita de canela

Para hacer las galletas:
225 g harina
100 g mantequilla
1 cucharadita de levadura
75 g azúcar molido
1 huevo

Azúcar glas para decorar





Si queréis ver la fábula de La cigarra y la hormiga, de La Fontaine, haced clic aquí. Como habréis podido comprovar, en mi entrada me he permitido cambiar el final, porque me parecía demasiado drástico.


Con esta receta participo en el HEMC de este mes, que tiene como tema las conservas hechas en casa.



hemc 35 - conservas caseras




Brazo de gitano de piña




Natalia nació en el seno de una familia musulmana, pero pronto quedó huérfana de padre. Era el inicio de una noche oscura sin fin, que se extendía sobre su destino y donde reinaban el llanto y la desesperación.

¿Qué otra cosa podía esperar de la vida una mujer desamparada con una hija a su cargo? Era el año 825 y en Córdoba reinaba el emir Abderramán II. La madre, quizás por amor, pero tal vez para no morir de hambre, se casó con un buen hombre, que las acogió en su casa y las amó con todo su corazón.

La niña fue educada según los preceptos del cristianismo, la religión de su nuevo padre. Nunca le faltó el cariño y creció feliz, a pesar de la persecución a la que estaban sometidos los cristianos. Ya era moza cuando se casó por amor con Aurelio.





Juntos decidieron que cambiarían el mundo, haciendo pública su fe. Creían que sólo así evitarían que más cristianos se pasaran al islamismo, pero únicamente consiguieron  que los encarcelaran y los torturaran para hacerlos renegar de su religión.
No consiguieron doblegar su fe. Al contrario, cuanto más cruelmente se la querían arrebatar, más fuerte era esta. Finalmente fueron degollados tal día como hoy, un 27 de julio.





Si os gusta el aspecto de este Brazo de gitanode piña, animaros a hacerlo. Su elaboración no es nada difícil y el resultado es bastante espectacular. En primer lugar hac emos la crema y la dejamos unas horas en la nevera. Después, hacemos la lámina de bizcocho, rellenamos el brazo y lo decoramos. ¿Ya os habéis animado?

Para hacer la crema ponemos a hervir la leche, e hidratamos la gelatina con agua fría. Batimos las yemas con el azúcar hasta que blanqueen, añadimos la fécula y seguimos trabajando, hasta que esté bien integrada. Añadimos entonces la leche caliente, lo mezclamos bien y lo llevamos al fuego, muy suave.

No paramos de remover hasta que arranque el hervor. Esto será cuando veamos que hace puff. Apartamos la crema del fuego, le damos una buena batida y le añadimos la gelatina escurrida. Batimos hasta que se deshaga, y añadimos el zumo de la piña.

Cortamos 4 rodajas de piña en trocitos pequeños y también los incorporamos a la crema. Removemos bien y la dejamos enfriar en la nevera, tapada con film transparente.




Para hacer la lámina de bizcocho, encendemos el horno a 180º. Batimos los huevos con el azúcar hasta que blanqueen y ponemos la ralladura de limón. Pasamos la harina y la levadura por un cedazo y los añadimos también suavemente. Finalmente incorporamos las claras a punto de nieve con movimientos envolventes, sin batir. Ponemos un papel de horno sobre una bandeja del horno y con una espátula extendemos la masa. La horneamos durante 10 minutos.

Una vez cocido, sacamos la bandeja del horno y tapamos el bizcocho con un paño de cocina. Le damos la vuelta y le quitamos el papel de horno. Le volvemos a dar la vuelta de manera que la parte tostada quede arriba, y la vamos enrollandoo con el trapo. Lo dejamos así hasta que enfríe del todo. Si mis explicaciones no son suficientemente comprensibles, mirad el paso a paso aquí.





Ponemos 4 rodajas de piña sobre papel de cocina, para que absorba su jugo. Extendemos la crema sobre la lámina de bizcocho y lo volvemos a enrollar, para darle forma de brazo. Pintamos toda la superficie con mermelada de albaricoque, que previamente habremos calentado con un poco de agua y luego colado.

Adornamos con almendras tostadas los laterales del brazo. Cortamos las rodajas de piña por la mitad y las ponemos encima del brazo. Adornamos con grosellas y figuras de chocolate.





Ingredientes:

Para hacer la lámina de bizcocho:
3 yemas
100 g de azúcar
ralladura de limón
90 g de harina
1 cucharadita de Royal
3 claras

Para hacer la crema:
250 ml leche
3 yemas
125 g azúcar
40 g fécula (maicena)
200 ml zumo de piña
3 hojas de gelatina
4 rodajas de piña

Para adornar:
3 cucharadas de mermelada de albaricoque
25 g almendras laminadas tostadas
4 rodajas de piña
125 g grosellas
75 g chocolate




Dedico este Brazo de gitano de piña a mi hija Natàlia, a la que quiero muchísimo. No podré ahorrarle los sufrimientos propios de la vida pero espero que los momentos felices, que le daré mientras saborea este brazo tan delicioso, la acompañen siempre.



Tarta de cucuruchos de crema







¿Habéis visto alguna vez un vaso en forma de cuerno lleno de frutas y flores, llamado Cuerno de la Abundancia?

Según una leyenda, Zeus nació a escondidas en Creta, evitando así ser devorado por su padre Cronos. Allí fue criado por la ninfa Amaltea, que lo alimentaba con la leche de una cabra. Un día, siendo un niño, Zeus rompió sin querer, mientras jugaba, un cuerno de este animal y se lo regaló a Amaltea, con la promesa que el cuerno se llenaría milagrosamente con todos los frutos que ella deseara.




Hace unos días fue el cumpleaños de mi padre y pensé hacer para la ocasión una tarta totalmente diferente. Como los postres que más le gustan son los que llevan crema, ideé un pastel de cucuruchos rellenos de crema pastelera con sabor a vainilla. Estaba segura que sería un regalo muy original e ideal para una persona golosa!


Empezamos haciendo la crema. Debemos proceder igual que aquí, pero sustituyendo la piel de limón por media vaina de vainilla, que abrimos por la mitad y rascamos con un cuchillo para sacar todas las semillas. Una vez hecha, la tapamos con film transparente y la dejamos enfriar.

Para hacer los cucuruchos, estiramos las láminas de hojaldre hasta obtener un rectángulo de 24 x 33 cm aproximadamente. Con una regla cortamos tiras de 3 cm de ancho, utilizando un cortapizzas. Con un pincel pintamos a lo largo con huevo batido uno de los bordes de las tiras. Cogemos un molde especial para hacer los cucuruchos (los venden en las ferreterías), y vamos cubriéndolo con las tiras empezando por la punta, sobreponiéndolas por los bordes pintados.





Presionamos un poco el extremo de la tira para que quede bien pegada y pintamos toda la superficie con huevo batido. Procedemos de la misma manera con el resto de cucuruchos. Cuando ya los tenemos todos, los horneamos a 200º durante 20 minutos, pero a partir del minuto 15 vamos mirando, no sea que se doren demasiado.

Los sacamos del horno, los dejamos enfriar 5 minutos y los separamos de los moldes con cuidado de no romperlos. Los dejamos enfriar del todo.


Para rellenarlos, ponemos la crema dentro de una manga pastelera y vamos rellenando. Luego, espolvoreamos por encima un poco de azúcar glas.

Encima de una base redonda (yo he usado una lámina de porexpan forrada con papel pinocho), colocamos todos los cucuruchos. Adornamos con unos bombones de chocolate y ponemos las velas.


He hecho los números con chocolate fundido. He ido haciendo capas hasta tener un grosor de 1 / 2 cm, entonces he puesto unos palitos de madera y la base de las velas, y he ido haciendo más capas de chocolate, poniéndolos siempre en la nevera entre capa y capa para endurecerlos más rápidamente, hasta obtener un grosor de 1 cm. Los he acabado decorando con unas bolitas plateadas.






He clavado los palillos a porexpan, he puesto las velas encima de su base, y las he encendido en el momento apropiado.


Para ver mejor el paso a paso, podéis mirar los slides que tengo en la versión catalana. Y os convenceréis de lo fácil que es esta receta.

Ingredientes:

2 láminas de hojaldre (2x 250 g)

Para hacer la crema pastelera:
500 ml leche
1 / 2 vaina de vainilla
4 yemas
125 g azúcar
40 g Maizena

100 g chocolate
bolitas de azúcar

un poco de azúcar glas

unos bombones de chocolate






¿Cómo se ve la vida cuando se tienen 84 años? ¿Rellena de mil ingredientes, con los que hemos podido hacer infinidad de platos maravillosos? ¿O se ve la despensa prácticamente vacía y se teme que ya pocos platos quedan para cocinar?

Tarta de frutas





Me da rabia la gente que presume de no saber hacer nada. Seguro que conocéis a más de uno, generalmente alegre y simpático, que fácilmente se hace perdonar su ineptitud. Y estoy convencida que, en el fondo, no es otra cosa que la excusa perfecta para escabullirse de hacer algo.

Admiro a los grandes maestros del Renacimiento. Leonardo da Vinci, por ejemplo, era un pozo de ciencia, pero a la vez era tan habilidoso que supo convertir todos sus trabajos en auténticas obras maestras. Dominaba todas las artes, y tanto si hacía de pintor como de escultor, de arquitecto como de inventor, de ingeniero como de escritor, trataba de hacerlo bien.

Yo quiero ser como Leonardo, aprendiz curiosa y maestra de todo. Por eso, hoy he cogido la paleta, la he llenado de colores resplandecientes y espero hacer una obra que tenga la suficiente calidad como para presentarla al HEMC de este mes, cuyo tema es el hojaldre, elegido por su anfitriona, Gemma de La cocina de casa.





Para hacer esta tarta tan primaveral, sacaremos del congelador el hojaldre, y mientras se descongela haremos la crema pastelera.

Ponemos la leche al fuego con la piel de limón y cuando empiece a hervir, cerramos el fuego. En un cazo ponemos las yemas y el azúcar y con una batidora eléctrica los vamos batiendo hasta que estén bien esponjosos. Entonces añadimos la Maizena y seguimos batiendo hasta que quede bien integrada. Incorporamos la leche colada, batiendo suavemente con una espátula.

A continuación ponemos el cazo al fuego, que deberá estar bien bajo, y vamos removiendo la crema hasta que hierva. Pensad que pueden pasar perfectamente 10 minutos hasta que haya espesado. Sabremos que ha llegado el momento de sacarla del fuego cuando veamos unas burbujas que se hinchan y estallan haciendo puff. Rápidamente sacamos el cazo del fuego, agitamos bien la crema y la dejamos enfriar, tapándola con film transparente.





Cuando ya tengamos las láminas descongeladas, encendemos el horno y lo ponemos a 225º. Cogemos una de las láminas y la doblamos por la mitad. Con un cuchillo afilado cortamos un borde de la masa de 4 o 5 cm de ancho. El recuadro que sobra no lo necesitamos, ¡pero no lo tiraremos! Como somos golosos por naturaleza, podemos hacer un puñadito de lentes o una pequeña tarta de cabello de ángel, o una mini tarta de chicharrones.

Ponemos papel de horno en una bandeja y colocamos encima la lámina entera de hojaldre. Con un pincel pintamos todo el alrededor y le ponemos encima los bordes que hemos cortado antes, haciendo que coincidan. Hacemos un dibujo con el cuchillo y pintamos también los bordes.





Pinchamos con un tenedor la parte central para evitar que se  hinche. La llevamos rápidamente al horno donde deberá estar 30 minutos, pero cuando lleve 25 vamos mirando, no sea que se tueste en exceso. Una vez sacada del horno, la dejamos enfriar. Si vemos que se ha hinchado un poco  del centro, podemos sacar con cuidado la parte  abombada.

Llenamos todo el centro de la tarta con la crema pastelera, alisando la superficie. Cortamos la fruta que hemos elegido para la decoración y la disponemos por encima, cubriendo la crema.

Para conseguir un acabado más brillante, haremos un abrillantador de esta manera: ponemos en remojo la hoja de gelatina. Llevamos un cazo al fuego con 2 cucharadas colmadas de confitura de albaricoque y 2 cucharadas de agua. Cuando la confitura se haya deshecho, le añadimos la gelatina y la pasamos por un colador. Esperamos que entibie y, con la ayuda de un pincel, pintamos la fruta.





Para entender mejor el paso a paso, podéis consultar el slide que tengo en el bloc en catalán.

Ingredientes:

2 láminas de hojaldre congelada
1 huevo
1 plátano
1 melocotón
2 kiwis
100 g de moras
150 g. fresas
2 cucharadas de confitura de albaricoque
1 hoja de gelatina

Crema pastelera:
750 ml de leche
6 yemas de huevo
150 g azúcar
60 g Maizena
piel de limón





¡De hoy en adelante soy Leonarda d'Ací!


hemc 32 - hojaldre




Garbanzos con uvas pasas




Dicen que, para llevar una alimentación sana, deberíamos comer legumbres tres veces a la semana. En casa solemos alternar las lentejas con las alubias. Los garbanzos también nos gustan, pero los asociamos a comida de Cuaresma.

¿Y qué tienen que ver los garbanzos con la Cuaresma? Lo ignoro, pero siempre me sugieren penitencia. Y sino, escuchad esta historia que mi padre siempre nos contaba cuando éramos pequeños.

Había una vez en el pueblo un grupo de personas que habían prometido ir andando hasta Montserrat con los zapatos llenos de garbanzos como señal de penitencia. Eran horas y horas de larga caminata, pero el grupo iba contándose chistes y viejas historias. De esta forma el tiempo pasaba sin darse cuenta y, a pesar del dolor de pies, veían cada vez más posible conseguir su objetivo.




A pesar de todo,  los garbanzos que llevaban en las botas iban lacerando sus pies, y el dolor empezaba a ser tan intenso que muchos creían imposible llegar hasta la Virgen. Suerte tenían de Pepe que, o bien cogía por el hombro al más débil y le ayudaba a caminar, o bien cantaba con una voz tan ronca que ya nadie oía los gemidos sino las risas que aquella canción provocaba. Y así, entre sufrimientos y el deseo de llevar a cabo su objetivo, llegaron a Montserrat.

Lo primero que hicieron al pisar la montaña sagrada fue quitarse las botas, y ¡cuál no fue la sorpresa de todos al ver que Pepe tenía los pies casi intactos, y los garbanzos totalmente triturados! Ante la mirada atónita de todos los compañeros de viaje, dijo: "Antes de utilizar los garbanzos, siempre los pongo en remojo. ¿Vosotros no?"


Para hacer este plato también ponemos los garbanzos en remojo la víspera. A la hora de cocinarlos los aclaramos, los ponemos con agua tibia dentro de una olla y los dejamos hervir hasta que estén tiernos. Si queréis ahorrar tiempo, podéis comprarlos ya cocidos.

Ponemos aceite de oliva virgen extra en una sartén y, mientras se calienta, trituramos con el minipimer una cebolla y la ponemos en la sartén. Cuando esté dorada, añadimos los tomates, también triturados, y dejamos que se hagan hasta obtener una salsa espesa. Añadimos sal, y una cucharadita de azúcar para evitar la acidez del tomate.





A continuación añadimos los garbanzos cocidos y las pasas, a las que habremos sacado previamente los rabillos.





Ahora esperamos unos minutos a que terminen de haecrse y ya podemos servir esta comida tan saludable.


Ingredientes:

1 / 2 kg de garbanzos
1 / 4 kg de uvas pasas de Málaga
1 cebolla pequeña
2 tomates
aceite de oliva virgen extra
azúcar
sal






Hoy, mientras escribía esta receta, se me ha acercado mi hija mayor y me ha dicho "Estos garbanzos son realmente buenos. Muy buenos" . Confiad en su buen gusto y hacedlos. Me lo agradeceréis.



Tarta de cumpleaños





¿Recordáis vuestra primera cita? La nuestra fue el 5 de marzo de hace 21 años y aún hoy la celebramos. Es por ello que este año nos hemos regalado este pastel que queremos compartir con todos vosotros.

Muchas veces he pensado qué habría pasado si uno de los dos no se hubiera presentado esa tarde, como la película de Cary Grant, y hubiera seguido otros derroteros. Miro a mi alrededor e intento imaginarme qué otras personas y objetos formarían parte de mi existencia y de mis recuerdos. ¿Y sabéis qué? Soy incapaz de imaginarme mi vida de otra manera. Y es que otra vida sin mi familia no es posible.

Cada vez que Pere me coge la mano percibo aún la misma sensación que sentí la tarde de hace veintiún años. ¿Cómo habría podido vivir sin experimentar una y otra vez la misma emoción?

Así, para agradecer tantos años de vida en común, quisiera celebrarlo con un pastel adecuado para la ocasión y al gusto de todos. Hacía días que estaba meditando los ingredientes, la forma y la decoración, y al final me he decidido por uno clásico: bizcocho con trufa y adornado con nata y chocolate.





Si queréis saber por qué motivos lo he elegido, a continuación os lo explico con detalle. ¿Cuando uno está enamorado no camina como si estuviera en una nube? ¿Y qué hay más parecido a una nube que una nata bien montada?

He hecho tres pisos de bizcocho, suaves y amorosos, como los tres hijos que tenemos. La trufa, hecha de nata y chocolate, es la simbiosis de dos elementos contrarios, blanco y negro, hombre y mujer, Pere y yo. Aunque, bien mirado, quizá no somos tan diferentes como creo, pues hubo gente que al saber que salíamos juntos nos dijeron que éramos dos cromos iguales que, por fin, se habían encontrado.

No todo han sido rosas en estos veintiún años. Ha habido muchas piedras, e incluso rocas, que nos han hecho tropezar en este largo recorrido, pero con paciencia y amor hemos podido vencer todas las contrariedades. He pensado que una buena manera de simbolizarlo sería con unos corazones macizos de chocolate, duros como las piedras que hemos podido superar con nuestro amor.

Y no estamos solos. Tenemos familia y amigos, los que quizá no dedicamos la atención que quisiéramos y que se merecen, pero no por ello dejamos de pensar en ellos ni de quererlos. Y para que todos sepan que siempre nos acompañan, los he representado con los corazones que rodean este pastel, formando parte de nuestra vida.





Si os ha gustado el aspecto de esta tarta y queréis hacerla, ahora os explico paso a paso cómo hacerlo.

Podemos elaborar un bizcocho y una vez hecho, dividirlo en tres pisos. O bien hacer tres planchas de bizcocho y cortarlas con la ayuda de un plato grande en forma circular. Yo me he decantado por esta última opción.

¿Cómo hacer el bizcocho? Es muy fácil. Montad las claras a punto de nieve con la ayuda de una batidora eléctrica. Si hay alguien que no sabe qué es el punto de nieve, que mire la imagen siguiente y lo entenderá. ¡Está boca abajo y no cae! ¡Y no hay truco!





Para hacer la trufa, fundimos al baño María el chocolate y la nata y un poco de azúcar glas. Cuando esté todo bien deshecho, lo batimos un poco y lo dejamos enfriar. Lo ponemos en la nevera al menos 4 horas.

Encendemos el horno a 180º. En un bol ponemos las yemas y el azúcar y lo batimos bien hasta que blanquee. Ponemos ralladura de limón, y poco a poco vamos poniendo la harina mezclada con la levadura. Si vemos que nos queda una pasta demasiado seca y nos cuesta trabajar, le añadimos unas cucharadas de clara. Finalmente incorporamos el resto de las claras con movimientos envolvientes.

Vertemos la pasta sobre papel de horno, alisamos con una espátula y la horneamos durante 10 minutos como máximo.





La sacamos del horno y la dejamos enfriar. Hacemos dos más de la misma manera.





Cortamos las láminas en forma circular, todas del mismo tamaño.






Sacamos el chocolate y la nata que tenemos en la nevera y con una batidora eléctrica preparamos la trufa. Monta en seguida. Tenemos que estar al acecho, porque si nos pasamos, la echaremos a perder. Ponemos la mitad sobre un piso de bizcocho.






Tapamos con otro piso de bizcocho y ponemos el resto de la trufa.






Acabamos poniendo el último piso de bizcocho. A continuación, montamos la nata, a la que habremos añadido un poco de azúcar en el último momento, y empezamos a extenderla con mucho cuidado hasta cubrir los lados de la tarta.





Con la nata que nos queda adornamos la parte superior.





Queda bonita, ¿verdad? Ahora sólo hay que adornarla. Y aquí que cada uno haga uso de su imaginación. ¿Qué os parecen estos corazones de chocolate?





Y ¿qué me decís de estos vitrales con corazón incorporado?






Una vez terminada, hay que guardarla en la nevera. Esta tarta es de tamaño bastante considerable. Si la queréis más pequeña, sólo tenéis que reducir las cantidades indicadas.


Ingredientes:

Para hacer el bizcocho:
9 huevos en total, 3 para cada lámina (3 +3 +3)
300 g azúcar (100 +100 +100)
300 g harina (100 +100 +100)
3 cucharaditas de levadura (1 +1 +1)
ralladura de limón

Para hacer la trufa:
500 ml de nata
375 g chocolate
75 g azúcar glas

Para adornar:
500 ml nata
50 g azúcar glas

Para las figuras de chocolate:
350 g chocolate





Da pena comérsela, pero ¡esta celebración se lo merece! Dedicada a Pere con todo mi amor.