Canastillas de merengue




Ya empezaba a anochecer cuando vi al chico del carro avanzando a paso ligero ante mí. Pensé que tenía prisa por llegar al super antes de que cerraran pero  tras ver que pasaba de largo ante tres tiendas de comida, la curiosidad me empujó a seguirlo.

Ninguno de los escaparates iluminados que había a lo largo de la calle lo apartó de su objetivo. La luna resplandecía en su plenitud y parecía querer transmitirnos  cierto  consuelo ante una noche tan  gélida.

En San Martín tocaban las ocho cuando el chico empezó a cruzar  la  plaza de la Iglesia, ralentizando su ritmo. Se detuvo finalmente ante la gran cola que había delante de la puerta, formada mayoritariamente por mujeres.

Todas se aferraban a su carro, que las protegía del frío y del hambre, dentro del cual habían escondido la vergüenza de verse expuestas a aquellas circunstancias. Y estaban ansiosas por volver a casa y poder celebrar estas fiestas viendo la cara de felicidad de sus hijos ante un plato lleno de comida.




El día de Navidad en casa comeremos como todos los años con moderación y os puedo asegurar que no nos empachamos, aunque sólo sea por solidaridad con todas aquellas personas que no tienen nuestra suerte.

Y, a la hora de los postres, no me presentaré con un carrito lleno de golosinas sino con unas canastillas de merengue rebosantes de fruta.




Se pueden preparar con unos días de antelación y guardarlas en una caja hermética. Para que no se humedezcan, no las rellenamos (con nata o trufa) hasta unas horas antes de servirlas. Para conseguir un azúcar con sabor a vainilla, hay que tener durante unos días una vaina de vainilla ya usada dentro del bote de azúcar.

Estas canastillas se hacen con  merengue francés, que se prepara así:

En primer lugar dibujamos círculos de 10 cm de diámetro en un papel de horno, y ponemos una olla con agua al fuego para que se caliente ligeramente. Mientras, tamizamos el azúcar, y en un cazo montamos las claras con una pizca de sal hasta que estén  casi a punto de nieve.

Entonces vamos echando cucharadas de azúcar mientras batimos. Una vez lo habremos  incorporado todo, ponemos el cazo dentro de la olla, vigilando que el agua no toque la base del cazo. Y batimos el merengue hasta que esté bien espeso.

Con batidora eléctrica tardaremos unos 8 o 9 minutos. Notaremos que ya está hecho cuando veamos que forma picos. En este momento pasamos rápidamente el merengue a una manga pastelera.

Encendemos el horno y lo ponemos a 110 º. Llenamos con  merengue las circunferencias dibujadas. Después, hacemos rosetas alrededor de los bordes. Con el merengue que nos sobra, hacemos más rosetas sobre el papel de horno.



Horneamos las canastillas durante 1 hora y media o 1 hora y 3 / 4. No deben quedar doradas, pero sí secas. Las despegamos del papel y las dejamos enfriar antes de rellenarlas con nata montada. Decoramos con frambuesas, con un corazón de chocolate y unas rosetas de merengue.





Ingredientes:

4 claras de huevo
1 pizca de sal
250 g azúcar glas con sabor a vainilla

Para decorar:
nata
frambuesas
chocolate

Con rosetas de merengue y unas gominolas he hecho el árbol de Navidad con el que os quiero felicitar estas fiestas a todos los que me visitáis, ya sea pasando de puntillas, ya dejándome un comentario. ¡Espero que este Nuevo Año  llene de felicidad vuestras vidas!





Con esta receta participo en el HEMC de este mes que tiene como anfitriona a Núria, de Petita Cuina, y que ha propuesto recetas para Navidad.

hemc 49 - navidad








Tarta de mascarpone y chocolate




Sus Majestades los Reyes de BIMBO tienen el gusto de invitarla al Primer Encuentro de Príncipes y Princesas que tendrá lugar en el Palacio de Cookiteca el segundo fin de semana de diciembre.

Cuando recibí esta invitación enseguida pensé que se habían equivocado de destinatario y decidí ponerme en contacto con los Jefes de Protocolo para que pudieran subsanar el error.

¡Cómo me temblaron las piernas cuando me dijeron que todo era correcto y que esperaban con gran alegría  mi asistencia!

¿Me habían invitado al baile? ¿A mí? ¿Y con unos príncipes tan apuestos y de tanto renombre como Javi (de Javirecetas), Jesús (de El Aderezo), Starbase (de De cocina),  Alfonso (de Recetas de Rechupete), Pepe (de Pepekitchen) y Rafa (de Con los cinco sentidos)?  ¿Y con las Princesas más listas y más hermosas que nunca se haya visto en la faz de la tierra, como Rosa (de Velocidad de cuchara),  Loreto (de Sabores de Colores) y  Mar (de Vamos a CociMar)?


Foto cedida per Rosa de Velocidad cuchara.

Os juro que por un momento me sentí como la Cenicienta, pero ... ¿dónde estaba mi hada madrina? Sola, ¡no lo conseguiría! En mi desesperación, mil veces la invoqué y ni una sola vez tuvo en cuenta mi clamor! ¿Quién vestiría, pues, mi cuerpo desnudo y quién conduciría la carroza que me debería llevar a Palacio? ¿Quién me daría el encanto necesario para no pasar desapercibida?

Nunca había sufrido tanto como los días previos a la fiesta, y ¡cómo me avergüenzo ahora de mi estulticia! Porque debéis saber que estos Príncipes no sólo me acogieron con simpatía sino que hicieron todo lo posible para que me sintiera una princesa de verdad a su lado.




Degusté sus exquisitos manjares y nos reímos juntos. Y disfruté de su grandeza hasta que las primeras campanadas de medianoche comenzaron a tocar. Fue entonces cuando salí corriendo porque temía despertarme y comprobar que todo había sido un sueño.

Han pasado los días y todavía  estoy en una nube. No me atrevo a poner los pies en el suelo porque me he dado cuenta  que en mi huida no dejé olvidado ningún zapato que me pudiera hacer volver a Palacio.

Nunca olvidaré la oportunidad que me ha ofrecido la casa BIMBO de participar en este evento, en el que he colaborado haciendo esta Tarta de mascarpone y chocolate,  y que deseo que os guste tanto como a mí.




Ideal para cuando se presentan visitas que no esperábamos, para cuando queremos redondear una buena comida sin que se nos dispare el presupuesto, para aquellos que desisten de elaborar una tarta con la excusa que no saben hacer un buen bizcocho, o simplemente por la satisfacción de poder preparar un postre que no necesita horno.

Si os animáis a hacerlo, aquí tenéis la receta:


Juntamos rebanadas de pan BIMBO bueníssimo y recortamos dos circunferencias del mismo tamaño que la base del molde. Para un molde de 20 cm necesitaremos 4 rebanadas para cada circunferencia. Si conviene, podemos recortar un poco los bordes para que sean más rectos.



Pelamos y trituramos las almendras. En un bol mezclamos el queso, las almendras, los dos chocolates y el azúcar.

Forramos la base del molde con una de las circunferencias de Pan BIMBO. Ponemos encima la crema de queso, y cubrimos con la otra circunferencia. Quitamos con cuidado el aro del molde.




Calentamos la nata y, cuando hierva, la retiramos del fuego. Añadimos entonces el chocolate troceado, removemos bien hasta que se funda y incorporamos la mantequilla. Cuando se haya fundido, y la cobertura ya no esté caliente, la vertemos sobre el pastel, cuidando de no tocarla, hasta cubrir toda la superficie.




Mezclamos el mascarpone con el azúcar y lo ponemos dentro de una manga pastelera. Hacemos una corona de rosetas y  intercalamos las  moras y las frambuesas.

Ingredientes (para un molde de 20 cm):


8 rebanadas Pan Bimbo Bueníssimo sin corteza 

250 g queso Mascarpone
50 g almendras tostadas 
50 g chocolate Nestlé Postres fundido
50 g chocolate Nestlé Postres troceado
10 g azúcar glas

250 ml nata (35% materia grasa) 

250 g chocolate Nestlé Postres 
100 g mantequilla

100 g queso Mascarpone 

1 cucharadita de azúcar glas
 moras y grosellas




Y porque durante unas horas llevé una corona de princesa, no estaría nada mal, para acompañar esta Tarta de mascarpone y chocolate,  dedicar un rato a la lectura. Hoy os recomiendo el libro de Sebastià Alzamora, La piel y la princesa. (Premio Josep Pla 2005). Círculo de Lectores.

Bizcocho de piñones




El Gegant del Pi
ara balla, ara balla;
el Gegant del Pi
ara balla pel camí.(*)


No penséis que todos los gigantes son tan simpáticos como Farell, el Gegant del Pi de Caldes de Montbui que liberó Barcelona del Gigante Moro, y que es el protagonista de la canción que todos hemos cantado de pequeños.

En la antigua Corinto habitaba Sinis, un gigante dotado de una fuerza extraordinaria. Le llamaban el doblador de pinos porque tenía la costumbre de doblar hasta el suelo dos pinos, entre los cuales ataba a un hombre. A continuación, los soltaba y, en enderezarse estos violentamente, descuartizaban a la pobre víctima.

Teseo le dio el mismo tipo de muerte con la que él sorprendía a los viajeros que caían en sus manos.



Para endulzar esta historia más bien violenta, hoy os traigo un bizcocho de piñones. Gigante por su tamaño y por el buen sabor de boca que nos deja, tanto o más que el Bizcocho rápido. Será quizás por el toque de los piñones ...




Encendemos el horno y lo ponemos a 180º. Forramos con papel de horno un molde rectangular de 30 cm x 24cm, dejando que el papel sobresalga del molde unos cuantos centímetros.

Separamos las yemas de las claras. Batimos las yemas con el azúcar con una batidora eléctrica, y vamos añadiendo los demás ingredientes, por orden, batiendo bien cada vez.

Ponemos un poco de sal a las claras y las montamos a punto de nieve. A continuación las incorporamos a la masa con una espátula, muy suavemente.




Llenamos el molde con esta preparación y echamos los piñones por encima. Lo horneamos durante 40 minutos o hasta que veamos que tiene un color dorado.

Sacamos el bizcocho del horno, esparcimos el azúcar y lo dejamos enfriar. Si podemos ...



Ingredientes:

4 yemas
350 g azúcar
175 ml leche
125 ml aceite de oliva Virgen Extra
70 ml anís
piel rallada de un limón
400 g harina
1 sobre de levadura Royal
4 claras
1 pizca de sal

100 g piñones
azúcar



Y, mientras disfrutáis comiendo este bizcocho, podéis aprovechar para leer Matadors & cia, de Joan Agut. Editorial Barcanova (Colección Càlam). Barcelona, 2003. El asesinato es el denominador común de los veintinueve relatos que reúne esta obra.

(*) El Gigante del Pino / ahora baila, ahora baila; / el Gigante del Pino /ahora baila por el camino.

Tarta de manzana azucarada




El origen de su desventura radicaba en el sombrero que Albrecht Gessler hizo colgar en el poste de la Plaza Mayor del pueblo, y al que todos los súbditos tenían que hacer una reverencia al pasar por delante.

Gessler esperaba la sumisión de todos los habitantes de Bürglen y nunca hubiera imaginado la arrogancia que mostró Wilhelm Tell, que no quiso bajar la cabeza ante el sombrero y fue arrestado.

Sabedor de la destreza de Wilhelm con el arco, puso una manzana en la cabeza del pequeño Walter, a 80 pasos de distancia, y le prometió que si acertaba la pieza de fruta, quedaría en libertad.

El arquero tomó dos flechas, una la puso en el carcaj y la otra, tensando bien el arco, la disparó a la cabeza de su propio hijo. Cuando la manzana cayó al suelo partida en dos, Tell cerró los ojos y respiró aliviado.

Gessler, sorprendido y enfadado a la vez por el acierto de Tell, le preguntó la finalidad de la segunda flecha. Este le respondió que, en caso de haber errado el blanco, la segunda habría ido directa a su corazón. Enojado por la respuesta, lo envió a la cárcel.




Es posible que esta historia sea una leyenda, pero la tarta que os presento hoy es muy real. Bajo una capa crujiente de azúcar encontraremos la dulzura de unas manzanas que nos harán olvidar todos los infortunios que nos sacudan el alma.

Si os animáis a hacerla, empezamos batiendo la mantequilla, que habremos tenido 1 hora fuera de la nevera para que se ablande, y el azúcar con la batidora eléctrica hasta que tengamos una crema suave. Añadimos los huevos y batimos un poco más.

A continuación incorporamos la harina, que previamente habremos pasado por el tamiz junto con la levadura y la sal, mezclando todo con una espátula, hasta que se forme una bola. La tapamos con film transparente y la dejamos reposar en la nevera 1/2 hora como mínimo.

Encendemos el horno y lo ponemos a 180º. Dividimos la bola en dos partes y las estiramos con el rodillo (entre dos filmes transparentes, o dos papeles de horno), hasta que hagan 26 cm de diámetro, el mismo tamaño que el molde. Pelamos y cortamos las manzanas en láminas finas.

Cubrimos la base del molde con una de las partes, esparcimos por encima las láminas de manzana, dejando un borde de 1 1/2 cm. Tapamos con el resto de la masa, apretando los bordes para que queden bien sellados.




Ponemos un poco de agua en un pulverizador y rociamos toda la superficie. Espolvoreamos el azúcar uniformemente con un colador, y horneamos la tarta durante 35 minutos o hasta que esté dorada.




Ingredientes:


185 g mantequilla
185 g azúcar glas
1 huevo
1 yema de huevo
375 g harina
1 cucharadita de levadura
1 pizca de sal
3 manzanas Royal Gala

2 cucharadas de azúcar




No creo que haya alguien dispuesto a criticar la corteza azucarada de este pastel. Pero como hay gente para todo, hoy os aconsejo la lectura de Peter Mayle, Dispuesto a todo.




Fuente de la receta: Cocina sana, de Sophie Braimbridge



Timbal de verduras de Santa Pau



Cuando Ulises y sus compañeros encontraron la cueva de Polifemo, poco se pensaban que el gigante celebraría su visita cogiendo a dos por los pies y tragándoselos enteros y en vivo, sin dejar ni una migaja.

Al día siguiente, después de zamparse dos más en el desayuno, Polifemo se fue a apacentar su rebaño, dejando a los héroes encerrados dentro de su cueva. El astuto Ulises, sin embargo, estuvo ideando la manera de regresar sanos y salvos a la nave.

A la hora d cenar el cíclope se comió dos hombres más, pero he aquí que el héroe se le acercó ofreciéndole un vaso lleno de vino tinto. Y poco después, cuando Polifemo cayó al suelo por los efectos de la bebida, Ulises y sus compañeros corrieron a quemar en al fuego la punta de una estaca y se la hundieron dentro del único ojo que tenía.

Polifemo, ciego, se sentó en el umbral de la cueva para evitar que sus rehenes escaparan, pero los aqueos se ataron bajo la barriga de los carneros, entre la lana espesa, y pudieron huir mientras Polifemo, palpando, creía que era su rebaño que salía.




Hay niños que tiemblan sólo de pensar en ogros y gigantes, pero hay algunos que les plantan cara y saben cómo burlarse de ellos, como Juan y sus habichuelas mágicas.

Las alubias que he utilizado para hacer este plato son típicas de la zona volcánica de La Garrotxa, y las plantas de donde provienen no nos servirán para llegar hasta el cielo, pero nos pueden trasladar hasta los campos de Perú, 7.000 años atrás.

La receta de hoy es sana, muy fácil de hacer e ideal para dietas vegetarianas. Las verduras que os propongo se pueden sustituir por otras que os gusten más. De hecho, a veces no pongo zanahoria porque hay una persona en la familia a quien no le gusta nada esta raíz.

Las alubias de Santa Pau las podemos cocer nosotros mismos o comprarlas ya cocidas en un lugar de confianza, opción por la cual cada vez me decanto más.




Lavamos las acelgas, separamos las hojas de los tallos, y las cortamos en juliana. Pelamos la zanahoria y la cortamos en dados pequeños. Picamos la cebolla bien pequeña. Cocemos todas las verduras al baño María con una pizca de sal entre 12 y 15 minutos, y las mezclamos con las alubias.

Pelamos las patatas, las cortamos en trozos pequeños y las cocemos también con un poco de sal al baño María durante 15 minutos. Cuando estén cocidas, las aplastamos bien con un tenedor.

Ponemos un aro de cocina en el plato y ponemos en la base la patata, la nivelamos con el anverso de una cuchara, y encima ponemos las alubias con las verduras.

Sacamos el aro y decoramos el timbal con unas flores, o bien con unos tomates cherry y unas hojas de albahaca.




Regamos el plato con una vinagreta hecha con vinagre de manzana, aceite y sal, que le dará el toque definitivo.


Ingredientes (para 4 personas):

1 / 2 kg alubias de Santa Pau
1 cebolla tierna
1 zanahoria
6 hojas de acelgas
sal

Para la base:
4 patatas
sal

Para la vinagreta:
30 ml vinagre de manzana
10 ml aceite
sal




Como complemento de este plato os propongo la lectura de La Fageda d'en Jordà, de Joan Maragall.



Fuente de la receta: Eroski Consumer.

Banda de crema y frutas




Permitidme que hoy os hable de mí y responda a las preguntas que nunca me hicieron para que, tanto si sois habituales de mi cocina como si pasáis por casualidad, podáis conocer mejor las interioridades de este blog.

En Elmondelacuina se habla de recetas de cocina, pero también encontraréis fotografías, literatura, y mucha imaginación. Hay ilusión por hacer las cosas bien hechas y para contentar las personas que quiero.

Encontraréis un gran despliegue de paciencia, y de nervios también, sobre todo cuando las cosas no salen como yo quisiera. Hay un gran deseo de ayudar y ser útil, y muchas ganas de aprender ya que éste es un blog humilde consciente de sus limitaciones.

Y lo que empezó por imposición familiar, después de mucho insistir, para que publicara las comidas que cocinaba en casa, se ha convertido hoy en un archivo donde puedo tener ordenadas todas las recetas que antes guardaba esparcidas por todas partes y que, a menudo, me resultaban difíciles de localizar.





Pero Elmondelacuina es mucho más que todo eso, pues sin vuestras visitas y vuestros comentarios, sería un cuerpo sin alma. Gracias a esta ventana abierta de mi cocina he podido conocer personas maravillosas, que han dejado una gran huella en mí. Personas de aquí y de tierras lejanas que, con su simpatía y el calor de sus palabras, han conseguido hacerse un lugar en mi corazón.

Los que me seguís ya sabéis que me gusta escribir, y por eso no os extraña que haya encabezado cada una de las entradas del blog con una pequeña introducción literaria, a menudo producto de mi imaginación, pero muchas veces inspirada en la mitología griega o en la cultura europea en general.

Suelo, también, terminar mis recetas con la recomendación de una lectura, relacionada ya con el texto introductorio, ya con el plato. Estos libros forman parte de mi biblioteca y, aunque no me los he leído todos, sí os puedo asegurar que no pienso dejar este mundo sin haberlo hecho.




La publicación de las recetas me ocupa mucho tiempo, no sé si debido a la limitación de mi capacidad o a mi afán perfeccionista. Pensaba que con la experiencia mejoraría mi práctica, pero no ha sido así. Y es éste el motivo por el que no publico más asiduamente.

En la elaboración de mis platos utilizo productos naturales, lo más cercanos de casa y, en la medida de lo posible, ecológicos. Soy poco partidaria de los colorantes, los conservantes, los potenciadores del sabor o de cualquier otro aditivo. Es por ello, y debido también a la edad  (¿por qué negar la evidencia?), que he tenido que comprarme unas gafas para poder leer las etiquetas, escritas cada vez con letra más pequeña.

Y para acabar esta entrevista que no me han hecho, sólo me cabe añadir que todos los platos presentes en el blog son de herencia materna o adaptaciones mías de recetas vistas en libros o revistas. Si son bastante fieles al original, considero imprescindible citar la procedencia, pero si alguna vez veis que no lo hago, perdonadme, porque no es por intención malévola sino por ignorarlo.

Todo esto, y mucho más, me hubiera gustado explicar en el programa de El món a RAC1 al que ayer fui invitada a participar con una receta de postre de verano. Agradezco a todos los responsables del programa la amabilidad con que me trataron, y si mi participación fue tan corta que no tuve tiempo ni de explicar esta receta fue por la magnitud de la noticia del día, que se comió minutos de otras secciones.

Mi propuesta es una Banda de crema y frutas. Bien fresquita es un manjar delicioso. Podemos poner la fruta que más nos guste y jugar con la combinación de colores para hacerla lo más atractiva posible.




Aparentemente puede parecer difícil de hacer, pero os aseguro que su elaboración está al alcance de cualquier persona. Claro que siempre podéis ir al súper y comprar la masa quebrada ya hecha. O incluso la podéis sustituir por hojaldre, pero yo os recomiendo que, aunque sea una sola vez en la vida, intentéis hacerla.

Empezamos preparando la crema pastelera, que podemos hacer el día antes y tenerla guardada en la nevera. Abrimos la vaina de vainilla de arriba abajo, rascamos las semillas con la punta del cuchillo y las ponemos dentro del cazo donde tenemos la leche. La calentamos sin que llegue a hervir y la dejamos en infusión durante ½ hora.

Batimos con la batidora eléctrica las yemas y el azúcar hasta que blanqueen. Añadimos entonces la Maizena y seguimos batiendo hasta que se haya incorporado bien. Entonces vertemos poco a poco la leche, que habremos colado previamente, agitando la mezcla con un batidor manual.

Llevamos el cazo al fuego, muy suave, y no paramos de agitar hasta que veamos que empieza a espesar. En este momento retiramos el cazo del fuego y le damos una buena batida. Volvemos a ponerlo en el fuego y agitamos hasta que salgan unas burbujas que hacen "puff".

Retiramos rápidamente el cazo del fuego y tapamos la crema con film transparente, procurando que el film toque totalmente toda la superficie de la crema. La dejamos enfriar y la guardamos en la nevera.




Para hacer la base de la banda ponemos en un bol todos los ingredientes y los trabajamos primero con un tenedor y luego con las manos. Veremos que parece serrín, pero luego se va juntando formando una bola. La envolvemos con film transparente y la dejamos en la nevera durante 1 hora como mínimo.

Pasado este tiempo la estiramos con el rodillo y hacemos un rectángulo de 35 x 20 cm (teniendo en cuenta que el molde mide 29 x 14). Lo ponemos con cuidado dentro del molde y cubrimos la base y 3 cm de los lados. Si se nos rompe, no os preocupéis! Apretando un poco con los dedos, la masa vuelve a engancharse y no quedará ninguna cicatriz visible.




Una vez cubierto el molde, con un tenedor pinchamos toda la base para que no suba durante la cocción. Y lo ponemos en la nevera unos 15 minutos, para que la masa no esté tan blanda.




Encendemos el horno a 190º. Cubrimos la masa con papel de horno y la llenamos con garbanzos, o piedrecitas, para que hagan peso. Lo horneamos durante 15 minutos.

Sacamos el molde del horno, retiramos los garbanzos y el papel, y lo dejamos 5 minutos más en el horno. Pintamos toda la superficie interior de la masa con clara de huevo batida, para impermeabilizarla, y la volvemos a poner en el horno durante 5 minutos, o hasta que quede ligeramente dorada.

Mientras se va enfriando, lavamos y pelamos todas las frutas y vamos pensando en cómo las combinaremos.




Llenamos el interior de la banda con la crema pastelera, y decoramos toda la superficie con la fruta preparada. Para darle un acabado más brillante, deshacemos en el fuego 1 cucharada de gelatina de manzana con 4 de agua. Y una vez templada, pintamos todas las frutas con un pincel.





Ingredientes:

Para la masa quebrada azucarada:

175 g harina
1 pizca de sal
40 g almendra cruda molida
75 g mantequilla cortada en trozos
75 g azúcar glas
3 yemas de tamaño medio
Ralladura de ½ limón

Para la crema pastelera:
½ l de leche
½ vaina de vainilla
4 yemas
125 g azúcar
50 g Maizena

1 clara de huevo para pintar

Para la decoración:
Fruta variada: kiwi, melón, melocotón, fresas, moras, frambuesas, grosellas y una carambola.
1 cucharada de gelatina de manzana
4 cucharadas de agua.




En lugar de una banda de crema y frutas, podéis hacer una tarta o, si lo preferís, unas tartaletas de tamaño individual. Esta es la opción que elegí para llevar al programa de la radio.

Agradezco a Txaber Allué, y a todos los que lo habéis hecho posible, haberme dado la oportunidad de participar en su espacio Cuinetes con Txaber Allué. Ayer fue un gran día para  Elmondelacuina!


Tarta tres chocolates




Cuando Dionisio vino a la tierra a ofrecer a los hombres cepas cargadas de uva, Icario le ofreció su casa. En agradecimiento a su hospitalidad, el dios le reveló la fórmula secreta para elaborar vino.

Icario era un buen hombre. Podía haber ocultado, en el rincón más profundo de su casa, el odre que contenía aquella bebida desconocida para disfrutarla a pequeños sorbos durante una buena temporada, pero prefirió invitar a sus vecinos y hacerles partícipes de aquella joya.

Pronto el odre quedó vacío del todo, y el sueño se apoderó de aquellos cuerpos ebrios. Una vez recuperados los ánimos, y asustados por los efectos de aquel brebaje, creyeron que su vecino había intentado envenenarlos. Cayeron todos sobre el pobre Icario y lo descuartizaron.

Gracias a los ladridos de la fiel perrita Mera, Erígone pudo encontrar el cadáver de su padre y, presa de dolor, se colgó.




Hace unos días celebramos la cena anual de vecinos de la calle Matas, y fui la encargada de llevar el postre: dos tartas de músico y esta tarta de tres chocolates. La tenía pendiente desde que la vi hace mucho tiempo en el bloc de Gemma, de La cuina de casa.

Elvira, de Los cerezos en flor, la hizo hace poco para celebrar el cumpleaños de su hijo, y me renovó ese deseo aplazado. Pensé que la cena de vecinos era la ocasión idónea para hacer su presentación.




Trituramos bien finas las galletas y las mezclamos con la mantequilla, hasta conseguir una masa homogénea. Forramos con ella la base de un molde desmoldable de 26 cm, presionándola con una cuchara.

Esta vez no lo hice, pero la próxima pintaré la superficie con clara de huevo y la hornearé 5 minutos. Esto evitará que la primera capa de chocolate humedezca la galleta.

Para hacer la capa de chocolate negro, diluimos el sobre de cuajada con 50 ml de leche. Calentamos la nata con el resto de la leche, el chocolate negro, el cacao y el azúcar y, cuando hierva, lo sacamos del fuego y echamos la cuajada, agitando bien la mezcla. Lo volvemos al fuego, muy suave, y no paramos de agitar con el batidor hasta que vuelva a arrancar el hervor. Lo dejamos cocer 2 minutos y lo vertemos sobre la base de galletas. Lo ponemos en la nevera para que cuaje.

Para hacer la capa de chocolate con leche, procedemos de la misma manera. A la hora de verterla encima de la capa de chocolate negro lo hacemos poco a poco, no de golpe, y con movimientos circulares. Ponemos el molde en la nevera.

Para hacer la capa de chocolate blanco, seguimos las mismas indicaciones anteriores. Esta vez, sin embargo, no añadimos azúcar. Lo guardamos en la nevera toda la noche.

Hacemos las hojas de chocolate como ya expliqué aquí. En este caso necesitamos 12 hojas de rosal.

A la hora de decorar, retiramos el molde y extendemos por toda la superficie cacao en polvo con la ayuda de un colador. Distribuimos las hojas de chocolate, hacemos unas rosas con nata montada y ponemos en el centro una cereza.




Ingredientes:

225 g galletas Núria de Birba
115 g mantequilla

50 ml leche
1 sobre cuajada Royal
250 ml nata
200 ml leche
150 g chocolate negro Nestlé Postres
3 cucharaditas cacao en polvo
50 g azúcar

50 ml leche
1 sobre cuajada Royal
250 ml nata
200 ml leche
150 g chocolate con leche Nestlé Postres
30 g azúcar

50 ml leche
1 sobre cuajada Royal
250 ml nata
200 ml leche
150 g chocolate blanco Milkybar

Para decorar:
1 cucharadita de cacao en polvo
150 g chocolate Nestlé Postres
100 ml nata
6 cerezas




Al contrario de lo que le pasó a Icario, mis vecinos no desconfiaron de los efectos de mi pastel. Prueba de ello es que aquí me tenéis explicandoos la receta. ¡Ellos sí que son buenas personas! Un beso a todos.



Postres de músico




Cuando era joven tocaba el piano en las fiestas de boda. Y lo que parecía un medio para pagarme los estudios, pronto se convirtió en un calvario.

Había corrido la fama que nadie tocaba como yo, y todos me querían en su fiesta, sin importarles en absoluto si, al terminar, tenía que salir corriendo para no llegar tarde a otra celebración.

Una noche de verano perdí el conocimiento. Recuerdo que llevaba desde la mañana sin haber comido nada y con las puntas de los dedos totalmente doloridas. Yo maldecía la canción, mientras las notas bailaban indóciles y las carcajadas de los invitados golpeaban brutalmente mi cabeza.

-Tienes que comer algo o acabarás mal!-decía mi madre, cada vez más preocupada por mi delgadez.

La solución llegó de la mano de un primo mío, que era camarero y me dejaba amablemente un platillo de frutos secos para que pudiera ir picando mientras tocaba, y sin ensuciarme las manos.




Nosotros podemos hacer un postre delicioso, poniendo en un plato un puñado de frutos secos acompañados de una copa de moscatel. Pero también podemos preparar, en pocos minutos, una tarta con la que todos nos felicitarán.

Debemos preparar con antelación la crema pastelera y guardarla en la nevera. Descongelamos las láminas de hojaldre. Encendemos el horno y lo ponemos a 200º.

A dos centímetros de los bordes marcamos con el cuchillo un cuadrado, y pinchamos con un tenedor todo su interior, para evitar que la masa suba durante la cocción. Pintamos con huevo batido los bordes, y llenamos todo el cuadrado con crema pastelera.

Esparcimos por encima las almendras, las nueces, los piñones y las avellanas y ponemos la tarta en el horno durante 20 minutos o hasta que quede bien dorada. Mientras se cuece, ponemos las pasas en remojo con moscatel.

Una vez sacamos la torta del horno, esparcimos por encima las pasas. Deshacemos a fuego bajo la gelatina de manzana con unas gotas de agua y pintamos los frutos secos, para darles una apariencia muy brillante.




Siempre duele estropear una tarta tan bonita en el momento de cortarla. Para evitarnos este sufrimiento, podemos hacer tartas individuales.




Procedemos de la misma manera que con la tarta, pero dándole una forma redonda que conseguiremos utilizando círculos de distintos tamaños.




Ingredientes (para 2 tartas grandes o 10 tartas individuales):

2 láminas de hojaldre (250 g cada una)

Para la crema pastelera:
4 yemas
125 g de azúcar
60 g Maizena
1/2 l de leche
1 piel de limón

1 huevo para pintar

almendra cruda cortada en tiras
almendra cruda marcona
nueces crudas
avellanas crudas
piñones

pasas de Corinto
unas gotas de Moscatel

3 cucharadas de gelatina de manzana




Aunque siempre me habían dicho que tenía manos de pianista, nunca tuve piano. Sin embargo este verano me entretendré leyendo el libro de Yanice YK Lee, La maestra de piano. Salamandra, 2009.